viernes, 17 de febrero de 2023

La perpetuidad de lo efímero

 ¿Qué es este dolor que oprime mi pecho?

Tal vez sean aquellos magros albores que todavía danzan en mi cabeza al amanecer

¿Qué es esta amargura que recorre mi garganta?

Serán tal vez aquellas noches cenicientas donde las sirenas fueran la serenata de un par de locos empedernidos en dibujar arcoíris sobre el lúgubre manto negro


A cada paso me pregunto cuál es la respuesta correcta

Loco, siempre loco

Queriendo desandar esas curvas tan rectas

¿Dónde se esconderá el secreto del olvido?

Tal vez en en las promesas cumplidas

Tal vez en los besos dados

Tal vez en las risas compartidas


Sólo soy un peregrino navegando las incertidumbres de esta existencia

Tan humano como para pensar que soy único

Tan humano como para darme cuenta que eso piensan todos

Y así es como estas incógnitas disfrazan mi ser mas esencial

Mis máscaras, son las máscaras de la humanidad

Somos un ciclo sin fin de verdades veladas, de sufrimientos incomprendidos, de metas no alcanzadas

¿De veras me preguntas donde se encuentra el secreto del olvido?

Verás, es simple conocerlo

El olvido se esconde en la perpetuidad de lo efímero



jueves, 13 de mayo de 2021

En los albores

 - Desperté en medio de un desierto árido, al brillo de un sol abrasador, abrazado a unos pocos estropajos que me sirvieron de almohada para acallar aquellos ruidos que me impedían permanecer en mi reposo. Una cálida brisa terminaba de acariciar mis ya resecos pómulos cuando fui capaz de abrir mis ojos. Pestañear se volvió aún más difícil, ya que la deshidratación había sido quién me había abatido la noche anterior. Con más desgano que fuerzas y en un inútil espasmo de vivir, me reincorporé para continuar deambulando por este páramo denominado vida.

Caminé un buen rato, me arrastré casi, debido a mi cansancio. Hasta un punto, creo que el Sol se desplazaba más rápido que yo. Con mi último hálito logré llegar a un pueblo perdido en medio de la nada. Me derrumbé sobre un abrevadero de caballos, con más ganas de ahogarme y volver a mi reposo que de beber. Pero bebí. Una vez que pude alzar la cabeza, pude observar como diferentes miembros del pueblo se habían asomado a ver mi espectáculo.

Digo mío, el espectáculo del mundo. Me observaban horrorizados, como si a ellos no les afectara. Tal vez pensaron que sólo mi espectáculo era el horroroso espectáculo del mundo, sin poder advertir que su horror también es parte de él. Su asombro y repulsión sólo les duró unos minutos ya que pude ver como rápidamente se desvanecían ante mis ojos sus siluetas y frente a mí se erguía la figura de un grupo de personas que me reincorporaban, me sentaban y me observaban silenciosamente, expectantes.

Pude advertir que en realidad, nunca había alcanzado tal pueblo, sino que más bien había delirado moribundo en el mismo lugar hasta que estos viajeros me habían recogido y en una falsa esperanza de alcanzar una recompensa inexistente, se habían apiadado de mis ya desgastadas carnes.

Pero mis sueños y delirios no estaban del todo desacertados. Me habían sentado y me rodeaban, mirándome, juzgándome a través de sus irises. Uno de ellos se atrevió a hablar, y me preguntó que quién era, de donde venía y si pertenecía a alguna compañía.

Entre toses y carraspeos, le respondí que nombre no tenía, que no pertenecía a ningún origen y que si observaba alguna compañía a mi alrededor. El hombre sonrió. Me ofreció su tina para poder asearme y sus ropas para poder vestir cómodo. Tenía unos pantalones marrones con flecos, unas botas de cuero, una camisa a cuadros y un cinturón con un pictograma inentendible en su hebilla. Pidió también que se me ofreciese algo para comer y me solicitó una audiencia formal junto a sus pares una vez que hubiese concluido mis tareas.

Acepté de mala gana. ¿Quién en sus cabales ofrecería tamaña comilona y lujos en medio de un desierto? Al concluir mis tareas, pude detenerme un momento y observar. Ahora que el viento había amainado y que la luz del Sol ya no quemaba mis pestañas ni hacía arder mis cuencas, vi que me habían acarreado por varios kilómetros y que ya siquiera podía reconocer el lugar en que me había abandonado a mi suerte. También pude observar que habían montado un lugar austero pero confortable, donde cada uno de sus miembros parecía ejecutar una tarea con una precisión infalible y donde todo se movía de una manera casi orquestal.

No me refiero a esos cuentos de infancia donde la perfección tiende a parecer una muerte inmóvil. Niños jugaban, reían y lloraban. Adultos trabajaban y cantaban mientras atendían a

quienes se encontraban cerca. Los ancianos se reunían alrededor de una fogata y realizaban algunas tareas manuales como desposte y también reían mientras jugaban y contaban historias a los niños cada vez que pasaban.

Absorto me encontraba ante esta imagen cuando una niña se me acercó tímidamente y me señaló unos taburetes situados alrededor de la incipiente fogata. Me dirigí hacía allí e invitado nuevamente por el señor que me había ofrecido sus cosas, tomé asiento.

Pude observar que era un señor mayor, tal vez el más anciano de toda la caravana. Quise preguntarle que quiénes eran, me causaba intriga su procedencia y su porvenir. Como es que en esta inaudita y enferma tierra todavía conservaban esa esperanza. El anciano giró hacia mí y me indicó que guardara silencio. Luego señaló la fogata.

Me detuve a mirar el fuego que señalaba. Vi que sus llamas definían figuras e historias nunca antes contadas, así como historias olvidadas. Me concentré en las figuras que emanaban de aquella combustión pensando que tal vez sus humos me hacían delirar. Vi historias sangrientas, vi muerte, desesperanza, desilusión, agonía, enfermedad, pero lo más increíble fue, que pude ver la historia de cada uno de los miembros de la caravana que yacía sentada alrededor del mismo fuego.

¿Estaré muerto? ¿Será que en realidad me acompaña la muerte? pensé. No pasó mucho hasta que al final de las figuras, el fuego describió un gran ojo que me observaba. No podía ver, pero podía intuir que pestañeaba cada vez que yo lo hacía. Unos instantes después en ese fuego ardía yo, sentado sobre mi taburete. Con unas lágrimas en los ojos entendí que toda la historia que había vivido era parte mía, así como yo de ella. Giré para ver a quiénes me rodeaban. Los interrogantes que me invadían y la exasperante agonía de existir habían desaparecido y una silenciosa e inalterable paz me abarcaba y recorría todo el cuerpo. Cenamos algunas carnes medio secas y bebimos algunas botas de vino antes de irnos a dormir.

Al despertar, vi que yacía limpio y sobre una manta, en medio del desierto, en aquel lugar donde casi no pude abrir los ojos ni respirar. Me reincorporé fácilmente y emprendí mi camino…

- Pero abuelo, ¿cómo vas a estar solo? Si mira, ¡acá estamos todos! ¡Hasta ese señor que recogiste hace tan sólo unos kilómetros! - Exclamó una de las niñas que jugaban por ahí y que oyó su historia. Al bajar el sol, tomo sus harapos de juguete y se acostó a dormir en el suelo.

 "Hacerse cargo de su materia, es la tarea espiritual más elevada para una persona hecha de materia"

viernes, 13 de noviembre de 2020

Diálogos del Atanor I - El tormento humano

Una vez más me vuelco a las letras como esa espiral sinfín donde pareciera que uno puede huir o esconderse de aquello que le aqueja en lo más hondo de su ser. Je ¿Qué ironía no? Siempre huyendo hacia afuera cuando nuestros dolores nos persiguen por dentro.

Y supongo que en cierto punto hasta lo encuentro justo, digo, no me faltan las capacidades para poder encontrar justificaciones o culpas ajenas para todo aquello que en este momento parece cernirse sobre mí, como un gran cerbero o dragón buscando engullirme, dejarme nuevamente librado a la nada, aquella tan impasible y desgarradora musa.

No hay escape, no hay salida, y tal vez, esa sea una de las casi certezas que más duelen en su existencia al ser humano. No podemos soportar ser muñecos de una simulación, pero tampoco podemos destruir la caja en que nos han metido. Estamos así, desolados, abandonados a la libertad de nuestra mente que se extiende sólo como una forma romántica de imaginarnos más allá de nuestros límites. Ese famoso “para siempre”.

Pero hoy, me despojo. Pueden impedirme huir de su prisión material, de su prisión social incluso de su prisión cultural y de los límites que me han sido impuestos. Pero no pueden impedirme morir en mí. Menuda sorpresa se llevarán mis angustias, mis frustraciones y mi ansiedad cuando vean que su presa ha muerto. Que lo que pensaban que era carne fresca ya no es más que carroña.

No me he derrotado, no me he vencido, sólo estoy aprendiendo de sus tácticas, creo. 

Sé que esas fieras estarán aturdidas por un tiempo pero volverán ¿aprenderé a no correr a tiempo esta vez? Tal vez un día hasta pueda enfrentarlas, tal vez se envenenen al probar el producto de mi transmutación.

Solo espero siempre recordar como morir. Y si que si no lo hago, ellas no lo olviden tampoco.

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miércoles, 26 de agosto de 2015

Dialéctica Libertina

De cierto modo, concibo las posturas antagónicas de la filosofía clásica como un reflejo de la percepción del tiempo (si es que este realmente existe).

Para ser más claro, entre ambos extremos sobre la concepción de la verdad, en unos perenne e inmutable y en otros una transformación continua, solo hay una diferencia: hacía que lado del tiempo observan. Y en cierta forma, ambos poseen un poco de razón y de locura. Quienes miran al pasado observan las leyes de la inmutabilidad aplicarse, los hechos han quedado grabados en la piel de la historia: "Lo que fue, ahora es y será". Todo hecho anterior es irreversible e inmodificable, agendado para algunos en una memoriosa mente que todo lo anota y de quien los detalles no escapan (probablemente hijo de Heimdal y Mnemósine si la genética no me falla)

Por otra parte, se encuentran quienes observan el futuro. Para ellos no existe la inmutabilidad, no podrían aunque quisiesen dar un solo paso sin observar ante ellos los infinitos posibles caminos que se bifurcan frente a cada acto. Cada elección implica infinitas pérdidas (un infinito menor al infinito porque una decisión se tomó).

Aunque tal dualidad no existe en verdad para el hombre, ya que el no está inscrito en el pasado ni en el futuro sino en su punto medio y la inteligencia de su raza, en mi opinión, consiste en conocer tales herramientas en su justa medida. Con un pie en cada lado (pasado y futuro) discurre y transcurre. Inevitablemente cada paso que da es un paso en conjunto, por cada transformación elegida hay una imagen estática grabada, por cada infinito aniquilado, hay una certeza asentada en el libro de la existencia. En cada respiración se nos queda un poco de vida, en cada acto del espíritu la materia se endurece un poco mas.

Pero incluso, aunque al fin de nuestros días, cuando nos hayamos convertido en un cumulo de transformaciones bajo la forma de una estatua hay algo que ignoramos. Tal vez, por un capricho o descuido divino, las excepciones a la ley. También el futuro tiene algo de pasado y el pasado algo de futuro.

Porque para librarse de las cadenas la memoria, solo necesitamos la llave del olvido, albergada en las manos del futuro. Y para librarnos de los infinitos porvenires solo queda un destino que cumplir, la muerte, la causa de todas las memorias.

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martes, 2 de junio de 2015

La tribu de los Ouroboro

De los grimorios perdidos de una época que no puede ser situada en el tiempo, me llegó una curiosa anécdota.

El hombre mas hábil e inteligente de la tribu de los Ouroboro decide guiar a sus pares a la libertad.

Para ello, se da a la tarea de emplear a todos los miembros de su comunidad. El objetivo es simple: reconstruir el rompecabezas de la vida para reordenarlo a su antojo. 33 largos años duró la ardua tarea, habían piezas que se confundían entre si, piezas que iguales no lograban encajar y piezas que se confundían con la libertad misma.

Al finalizar la tarea comprendieron su error. El rompecabezas era un laberinto tan infinito como sus anhelos.

martes, 6 de enero de 2015

Realidad 1

Hablar sobre la realidad siempre es tema de controversia. Y es que, no sin razón, la realidad no puede enfrentarse nunca de forma directa por los interlocutores, debe ser tamizada antes por nuestros sentidos y conocimientos previos. Este burdo y corto análisis sin embargo me despiertan ciertas dudas, se suman a los fantasmas que suelen merodear mi mente cuando me distraigo y empiezo a pensar por mi mismo.

En nuestra mente planteamos diagramas, dibujamos los mapas que describen la realidad. No obstante, solemos olvidar que esos mapas no son la realidad. Creemos en nuestra ignorancia que el orden que hemos encontrado en el caos le precede y de esa forma desdibujamos cualquier figura o posibilidad de aproximarnos y un análisis de la realidad.

Por ello pienso que a veces, en esos pequeños momentos, esas digresiones del pensamiento vulgar, logramos sorprendernos, y quedarnos absortos de la existencia, es solo en ese momento en que intuimos que es lo que realmente ocurre.

Dedicado a mi querido amigo Aureliano, que suele intuir mas de lo que él piensa.

lunes, 1 de diciembre de 2014

Agnosticismo

La vida y el tiempo, dos eternos aliados que poseen la increíble capacidad de hacer titubear las mas grandes afirmaciones a que el hombre ha de arribar. O, tal vez, será que no es una capacidad, sino una negligencia de la razón que insiste en hacer inmutable cualquier viso de progreso. De cualquier modo, basado en mi experiencia, me atrevería a decir que la raza humana, en su mayoría, solo arriba a la razón o al misticismo por conveniencia. Para algunos un sistema rígido de leyes externas a seguir, para otros un sistema generados en el consenso; mas siempre en disonancia con aquello que parece sugerir la naturaleza. No hay leyes, ni reglas que comprender. Lo único eterno a lo que estamos condenados es a la muerte. Ese es el único dogma, el único consenso, la única ley. Por eso, ser como la vida y el tiempo es la única respuesta que concibo como apropiada al medio en que vivimos. Porque titubear sobre la vida y el tiempo antes de que haya caído el ultimo grano de arena es el único acto de rebeldía que podemos ejercer sobre lo inasequible. Ser la duda de la duda, la libertad de la libertad y el hombre del hombre es ser.

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domingo, 24 de agosto de 2014

Temores I

 En el imaginario colectivo de las sociedades (no en su totalidad, pero si considero que en su gran mayoría), la muerte es vista como un momento lúgubre, de tristeza, de pérdida. El enfrentamiento a lo desconocido es algo que no estamos dispuestos a asumir nuevamente; ese viejo temor a los monstruos que habitaban debajo de nuestra cama y que tienen su nuevo domicilio en lo inefable de la muerte.

Desde sus orígenes, el hombre ha tratado de comprender la muerte y con razón, puesto que es su último, único e inevitable destino y la limitación última de todo su conocimiento (al menos por ahora). Esto puede apreciarse en la misma historia de la humanidad, donde la gran mayoría de las ceremonias/rituales y la filosofía desarrollada a lo largo del tiempo se toca el tema de una forma u otra.

Por otro lado, en mi mente hace ya tiempo se viene conjugando una imagen un tanto mas tenebrosa que la de la muerte y es la de la vida ad infinitum o la pequeña sensación de eternidad. Trataré pues de narrarles mi pensamiento de la forma mas clara posible y espero sea de utilidad para extraer alguna conclusión, la cual yo todavía no he podido obtener.

"Por un momento, vislumbré a la humanidad entera como un ser, con su multiplicidad de seres en ella. Se comportaban como una topología de malla lo hace, es decir, estableciendo lazos todos entre todos dando forma a la realidad a través de la sumatoria de conexiones entre ellas. Y sin embargo, al momento de una alteración, de la inminente desaparición/aniquilación de alguno de esos nodos, el mismo era aislado y el mundo continuaba ya sin la presencia de ese nodo, mas ese nodo no desaparecia sino que permanecía en un estado infinito, constante e inmutable, el último momento en que estuvo conectado a esa red."
En cierta forma y ante este relato, pienso que la muerte podría llegar a ser una especia de recompensa, que es el de comparecer ante la nada para responder por un pequeño momento de rebeldía, ese momento en el que creímos que podíamos renunciar a lo inevitable para ser algo distinto a nuestra propia esencia.


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jueves, 21 de agosto de 2014

Pacto entre la incredulidad y el optimismo

Es opinión de quién les escribe,yo; que solo existen 2 formas posibles de aproximación a aquello que vulgarmente denominamos "felicidad".
En primera instancia puedo mencionar un estado de ignorancia inocente, posiblemente como una graduación de la ingenuidad. No puedo menos que envidiar a que aquellos que logran vivir con ojos de niño sin intentar dar con una excusa lógica a los sucesos que le rodean. Estos son propios de una mente que en ultima instancia se encuentra satisfecha con una interpretación mítica de la realidad y la enfrentan de manera emocional. Estas personas continuamente se aproximan a dicho estado de plenitud puesto que para ello solo deben de aprender a excitar su estado emocional, incluso con desmesura, lo que luego terminará en fanatismos de felicidad por su parte.
Sin embargo aquellos que por diversas razones no pueden contentarse con una solución que solo es eficiente en el mundo de lo mágico, encontrarán en dichas explicaciones emocionales un efecto placebo que se irá diluyendo y que cada vez proporcionará menos sensación de beneplácito. A este segundo grupo de personas no les espera mas que un lento camino de transmutaciones que deberán efectuar por si mismos y en si mismos; y solo su propia axiología determinará cuán cerca sus acciones parecen aproximarle a un estado de "felicidad".
Y aunque en ciertas ocasiones el primer estado se vuelve un anhelo, pienso que el segundo es mucho mas sincero y meritorio de esa plenitud. Ya que en el primero la felicidad es objeto de cada sujeto en particular y en última instancia responde a experiencias personales mientras que aquellos a quienes no les baste la realidad ( sus propias experiencias de la misma) tenderán a interiorizarse y a buscar en una construcción racional del objeto " felicidad".
Para concluir, me gustaría afirmar de forma categórica (y espero no equivocarme), que solo aquellos melancólicos optimistas, esos soñadores escépticos, son aquellos que son capaces de construir para todos, de encontrar su motor productivo en el desaliento de la realidad, en los agridulces de la vida y en el sinsabor del mas allá. 

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jueves, 5 de junio de 2014

Libertad 1

¡Libertad! ¡Ah, cuanto anhelo la libertad! No importa cuánto, cómo o dónde, siempre se me escapa detrás de promesas utópicas, se esconde detrás de realidades arquetípicas. Será tal vez que huye de mí con el único objetivo de seducirme, de volverme preso de su juego de atracción. Tal vez esa sea la peor cárcel para un hombre deseoso de libertad, ser prisionero de sus deseos más altos, de sus aspiraciones ideales. Será pues, que no existe tal cosa como la libertad sino que es una forma de deseo humano, tal vez aquella forma de deseo liberada de toda materialidad. Tal vez y con miedo de estar en lo cierto, la libertad no sea más que aquello que denominamos espíritu, lo que pensamos que fuimos, somos y seremos para liberarnos de lo que no podemos aceptar; es decir, de que solo somos esto que negamos ser y, que en consecuencia, nos hemos convertido en mendigos de ideales superfluos y banales. En fin, de que buscamos lo imposible porque en última instancia no podemos liberarnos de nosotros mismos. Buscamos en el más allá, porque ya nos rendimos frente al mas acá.