viernes, 13 de noviembre de 2020

Diálogos del Atanor I - El tormento humano

Una vez más me vuelco a las letras como esa espiral sinfín donde pareciera que uno puede huir o esconderse de aquello que le aqueja en lo más hondo de su ser. Je ¿Qué ironía no? Siempre huyendo hacia afuera cuando nuestros dolores nos persiguen por dentro.

Y supongo que en cierto punto hasta lo encuentro justo, digo, no me faltan las capacidades para poder encontrar justificaciones o culpas ajenas para todo aquello que en este momento parece cernirse sobre mí, como un gran cerbero o dragón buscando engullirme, dejarme nuevamente librado a la nada, aquella tan impasible y desgarradora musa.

No hay escape, no hay salida, y tal vez, esa sea una de las casi certezas que más duelen en su existencia al ser humano. No podemos soportar ser muñecos de una simulación, pero tampoco podemos destruir la caja en que nos han metido. Estamos así, desolados, abandonados a la libertad de nuestra mente que se extiende sólo como una forma romántica de imaginarnos más allá de nuestros límites. Ese famoso “para siempre”.

Pero hoy, me despojo. Pueden impedirme huir de su prisión material, de su prisión social incluso de su prisión cultural y de los límites que me han sido impuestos. Pero no pueden impedirme morir en mí. Menuda sorpresa se llevarán mis angustias, mis frustraciones y mi ansiedad cuando vean que su presa ha muerto. Que lo que pensaban que era carne fresca ya no es más que carroña.

No me he derrotado, no me he vencido, sólo estoy aprendiendo de sus tácticas, creo. 

Sé que esas fieras estarán aturdidas por un tiempo pero volverán ¿aprenderé a no correr a tiempo esta vez? Tal vez un día hasta pueda enfrentarlas, tal vez se envenenen al probar el producto de mi transmutación.

Solo espero siempre recordar como morir. Y si que si no lo hago, ellas no lo olviden tampoco.

007

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