De cierto modo, concibo las posturas antagónicas de la filosofía clásica como un reflejo de la percepción del tiempo (si es que este realmente existe).
Para ser más claro, entre ambos extremos sobre la concepción de la verdad, en unos perenne e inmutable y en otros una transformación continua, solo hay una diferencia: hacía que lado del tiempo observan. Y en cierta forma, ambos poseen un poco de razón y de locura. Quienes miran al pasado observan las leyes de la inmutabilidad aplicarse, los hechos han quedado grabados en la piel de la historia: "Lo que fue, ahora es y será". Todo hecho anterior es irreversible e inmodificable, agendado para algunos en una memoriosa mente que todo lo anota y de quien los detalles no escapan (probablemente hijo de Heimdal y Mnemósine si la genética no me falla)
Por otra parte, se encuentran quienes observan el futuro. Para ellos no existe la inmutabilidad, no podrían aunque quisiesen dar un solo paso sin observar ante ellos los infinitos posibles caminos que se bifurcan frente a cada acto. Cada elección implica infinitas pérdidas (un infinito menor al infinito porque una decisión se tomó).
Aunque tal dualidad no existe en verdad para el hombre, ya que el no está inscrito en el pasado ni en el futuro sino en su punto medio y la inteligencia de su raza, en mi opinión, consiste en conocer tales herramientas en su justa medida. Con un pie en cada lado (pasado y futuro) discurre y transcurre. Inevitablemente cada paso que da es un paso en conjunto, por cada transformación elegida hay una imagen estática grabada, por cada infinito aniquilado, hay una certeza asentada en el libro de la existencia. En cada respiración se nos queda un poco de vida, en cada acto del espíritu la materia se endurece un poco mas.
Pero incluso, aunque al fin de nuestros días, cuando nos hayamos convertido en un cumulo de transformaciones bajo la forma de una estatua hay algo que ignoramos. Tal vez, por un capricho o descuido divino, las excepciones a la ley. También el futuro tiene algo de pasado y el pasado algo de futuro.
Porque para librarse de las cadenas la memoria, solo necesitamos la llave del olvido, albergada en las manos del futuro. Y para librarnos de los infinitos porvenires solo queda un destino que cumplir, la muerte, la causa de todas las memorias.
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