jueves, 5 de junio de 2014

Libertad 1

¡Libertad! ¡Ah, cuanto anhelo la libertad! No importa cuánto, cómo o dónde, siempre se me escapa detrás de promesas utópicas, se esconde detrás de realidades arquetípicas. Será tal vez que huye de mí con el único objetivo de seducirme, de volverme preso de su juego de atracción. Tal vez esa sea la peor cárcel para un hombre deseoso de libertad, ser prisionero de sus deseos más altos, de sus aspiraciones ideales. Será pues, que no existe tal cosa como la libertad sino que es una forma de deseo humano, tal vez aquella forma de deseo liberada de toda materialidad. Tal vez y con miedo de estar en lo cierto, la libertad no sea más que aquello que denominamos espíritu, lo que pensamos que fuimos, somos y seremos para liberarnos de lo que no podemos aceptar; es decir, de que solo somos esto que negamos ser y, que en consecuencia, nos hemos convertido en mendigos de ideales superfluos y banales. En fin, de que buscamos lo imposible porque en última instancia no podemos liberarnos de nosotros mismos. Buscamos en el más allá, porque ya nos rendimos frente al mas acá.